lunes, 19 de octubre de 2015

Abandono #127462

Siempre que abandono Monterrey me pregunto si tomé la mejor decisión. Aventarme a la soledad y asumirla en otra ciudad con cordura y valentía. Dejar las comodidades, el amor en la comida y las palabras de alivio de mis padres. No deja de parecerme triste pero también un reto. De esas cosas que no te saldrán hasta que te deban salir. Tal vez regrese en unos años, tal vez no. Tal vez, no pertenezco a ninguna parte, sólo a dónde va mi corazón.

martes, 13 de octubre de 2015

Tenía ganas de leerte

Esta semana ha sido extraña, venir a Monterrey me abrió heridas que creí que no existían pero luego recordé que sí, que ahí estaban y que no me hiciera la mensa. No importa. Lo importante es que mi papá tiene un nuevo apodo, que mamá sigue obsesionada con el orden y que mi hermano está más gordo. Extrañaba Monterrey por ellos, no por el calor ni por él, ni por él, ni por esos otros que se me han pescado en los recuerdos. 
Pese a esa extraña nostalgia que me invadió tan pronto pude ver el cerro de la silla desde el avión, he tenido también buenas noticias, trabajos y proyectos vienen, libros, amigos y dos o tres ferias del libro. 

También me escribí nuevos poemas. Pero eso lo dejo para después porque no te quiero cursi, chiquitina. 

Euforia

Estoy en un estado poco constante que le llaman felicidad. No me quiero mover. Como cuando un gato te elige te observa y se sienta en t...