sábado, 10 de agosto de 2013

Etapas

A mí siempre me da un nosequé en las noches que empieza con un reírme como loca y algunas veces hablar como niña chiflada. Creo que tiene relación con esos días en los que estaba extremadamente tensionada en la oficina, además del trabajo diario de moverme por Monterrey, el calor, el ejercicio, las situaciones incómodas, etc. Pero al final del día me río como loca porque sé que eso no me determina y que vienen cosas buenas. Además, saludo al señor gato peludo del patio, platico con Perlita y también con Leonardo, Joseph y James, tomo algún libro random o me hago unos huevitos con salsa mientras veo Stark Trek. Son cosas pequeñas que me hacen feliz y que me hacen pensar que no tengo responsabilidades de adulta.

Y bueno, a lo que iba era que ayer mientras me reía como loca y decía incoherencias, mi papá me preguntó que por qué a los 24 años cumplidos sigo siendo tan inmadura. Qué estaba bien, pero que a veces mi mamá y él se preguntan qué onda conmigo y esta onda de no pisar tierra y vivir en las nubes.

Obviamente entre mis padres y yo hay una brecha generacional que cada vez se aleja más y en donde ambos intentamos comprendernos. En su época ser serio y recatado significaba ser una persona confiable, trabajadora, comprometida con su persona y los demás (y casi nadie llegaba a su casa con gatito negro bebé explicando que el pobre no tiene dónde vivir o comer). Creo que mis padres han aprendido mucho con mi hermano y yo, en serio es un proceso muy paciente eso de ser padres y aceptar que sus hijos no van a ser como ellos lo esperan o como ellos eran. Y aunque tengamos un montón de cosas en común, nos amemos y seamos una familia feliz, los hijos siempre serán la pesadilla. Lo bueno de todo esto es que sin importar mi deseo de no ser una adulta con responsabilidades adultivas mis papás han aprendido a aceptar que así merengues les tocó su cruz. No dudo que a veces digan que soy un caso perdido, pero nunca me han obligado a hacer cosas que no quiero hacer, a bajarle a mi música, a comer saludable, a gastar mi dinero en cosas que no sean libros, a trabajar en dondo no quiero trabajar, a viajar a donde no quiero viajar, a querer a quien no quiero querer. A su manera han respetado mis decisiones.

Y bueno, ya no estoy en la oficina. Ya no soy seria. Ya soy profe otra vez y estoy contentísima porque siento que en este último mes las cosas se están acomodando cómo debe ser. Me ofrecieron hacer lo que más me gusta por un buen salario, buen horario y montón de oportunidades de leer y hacer las actividades ñoñas que me gusta hacer con los libros y mis alumnos.

Como debe ser.

Estoy feliz.
(Y a veces así también escribo poesía)

1 comentario:

Ruth Citlaly dijo...

Tengo el mismo problema :(

Saludos !

Euforia

Estoy en un estado poco constante que le llaman felicidad. No me quiero mover. Como cuando un gato te elige te observa y se sienta en t...