sábado, 5 de mayo de 2012

Cosas que uno escribe en el camión

Aunque mi sombra me oscurezca,
sigo esperando el momento perfecto
aquel que llegará
(como pródigo expulsado)
y dará a mi ciudad deshabitada
un rinconcito de luz.

Ése que nos falta
para sabernos vivos.



Monterrey, no te vayas Monterrey.

No abandones a la bola de locos que contigo crecieron, locos que sueñan con la luna y los dioses.

Monterrey, no me dejes Monterrey.

Te extrañan mis manos
también la cama
el hombre que vende tacos me pregunta por ti,
por tus ideas habitadas en las calles, en los coches, en el café del Vips.

Monterrey, regresa Monterrey.

Mis padres preguntan por ti
por el vacío que frecuento los viernes y los sábados y los domingos.
Y los días en que corro para olvidarte.

Monterrey ¿Dónde te encuentras Monterrey?

Te busco en el mapa
te encuentro por un milagro
y después llega éste, aquél y me lo arrebatan.
Me arrebatan mis risas
mis ideas concebidas para ti
para nosotros.

Y no he parado de llorar.


Monterrey: no he parado de llorar.

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