miércoles, 21 de junio de 2017

El solsticio y la magia

Me dijo Enrique que todos nosotros tenemos las estaciones del año de forma diferente dependiendo nuestro nacimiento. Me aseguró que cuando nací fue mi primavera y así se fueron corriendo las estaciones y significando algo en mi vida. Es claro que él habla desde la astrología y esas cosas místicas que a veces nos dan paz cuando la vida tiene demasiada realidad. Tuvimos una cena tranquila y ahí me comentó que ahora estoy terminando mi otoño, el cual era un tiempo de reflexión y preguntas. Un camino hacia la muerte. Nací en Octubre, así que mi primavera y mi verano había pasado. Tal vez por eso lloro tanto, dije. Tal vez, respondió. Pero sigue tu invierno y el invierno es de trabajo y lucha. 

Me quedé pensando en que ya no quiero llorar tanto y es obvio que el precedente del invierno que se avecina no es ni por poquito tranquilo, así que me negué a creerlo. Después fui a Google y no encontré nada. Di por terminada esa conversación y mi estúpida confianza en charlatanerías de estrellas y planetas y posiciones de nacimiento. Las estrellas no me van a resolver la vida, caray.

Ahora, según yo, siempre he considerado que soy agnóstica porque más que dudar de todo, dudo de mí misma. Sin embargo, mi infancia fue un constante deseo de ser una heroína como Sailor Moon. Creer que de verdad algo va a pasar conmigo, algo extraño y externo que hará que las cosas cambien. Luego, veía Floricienta y pensaba en la magia y las hadas. En el amor ridículo al otro. En que si una lo desea las cosas pasan. Deduzco que esa fascinación por lo irreal me llevó a la fascinación por la ficción de los libros. Es bien raro cómo funciona la forma en que nos obsesionamos con deseos, supersticiones, anhelos. Y más raro saber que nada de eso se va a cumplir. Pero ahí seguimos. De ahí no nos movemos. 

Por eso me enoja que mi estación de otoño/invierno en realidad haya durado tanto. No veo el cambio, Enrique. Para mí ha sido un invierno desde hace semanas, desde hace meses. Cuestiono lo que sé, cuestiono lo que siento. A dónde voy. Qué sigue. Y nada. No hay respuestas. Estoy atorada. Me veo desde lejos y no siento que haya hecho algo, no termino mis planes, no hago lo que quiero, no me sé enamorar, no sé elegir, no sé cuidarme, quererme, sentirme bien conmigo. Me ilusiono con gente que me lastima. O peor, me ilusiono con gente que no me conoce. Lucho con mis concepciones del mundo. Trato de ser mejor persona. Trato de perdonar y olvidar y a otra cosa mariposa. Nada. Me siento vacía. Sin comida. Sin sol. Sin abrigo. El invierno me ha durado meses, Enrique. Mi primavera nunca inició, Enrique. 

Sin embargo, hoy llegó el verano. Y aunque sabemos nada cambiará, hay mucha luz hoy.




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