jueves, 24 de enero de 2013

Quédate con la chica que quieras

Hace unos días releí los textos: Sal con una chica que no lee de Charles Warnke y Sal con una chica que lee de Rosemary Urquico y esto fue lo que salió de mí.

Pienso que leer me ha dado mundos que nadie me puede dar y que me hace feliz. Mi vida depende en cierta parte de los libros; la literatura me ha dado el amor (literal y metafórico) y me ha arropado como nunca nadie lo ha hecho. Si en algún punto de mi vida me ofrecieran escoger otra vez entre ser una chica que no lee y una chica que sí lee, siempre, SIEMPRE sería la que se colma de risas, lágrimas, angustias, enojos y más cuando abre y hojea un libro. Si la chica que no lee tendrá los lugares comunes de siempre, me niego a aceptar que el universo no es como lo dice Arreola, Cortázar o Elizondo. Me niego a creer que la vida no es una Historia Interminable, que no visitaré un mundo mágico, un pueblito de Inglaterra o una cafetería en París; me niego rotundamente a convertirme en un muggle o en la peor señora del mundo. Así que sí, soy la chica que lee, pero no por eso ando asumiéndome como mejor que usted o que otro. 

Y si usted es una chica que no lee y lee esto le afirmo que está en todo el derecho de aventar los libros, pero también le prometo que si le da la oportunidad a algún huérfanito perdido en la librería o biblioteca este le podrá dar algo más que un matrimonio perfecto con una casa perfecta. De verdad. Pero eso si, usted va a sufrir, porque como ha leído antes: uno sufre con lo que lee, luego se sufre con lo que ve y al final uno sufre por el otro. Pero cuando el sufrimiento es mutuo y uno es capaz de comprender el sufrimiento del otro y así sucesivamente, tal vez dejemos de sufrir un día porque todos seremos capaces de comprendernos. Tal vez no. Tal vez sí. Igual y esto lo escribo porque el amor que puedo dar, el amor que le puedo dar a usted querida chica que no lee, es capaz de hacer vibrar un corazón con una pasión que tiene significado. Peco de soberbia, lo sé, pero tengo fe, más que en todas las religiones del mundo, en ciertos libros, y mi fe me lleva a pensar que sí se puede dar amor de esa manera, al otro, al extranjero, al mayor, al menor, al profesor, al vecino y sus canciones regguetoneras, a la chava que va en el camión, a la suegra, a los animales, al vagabundo que se niega a aceptarte una limosna, al chofer del taxi, al político, al sacerdote, al preso político, a la prostituta, al regio que le va al Monterrey. Porque si uno aprende de los libros bien bien te puedes dar cuenta que ellos no hacen distinción, ellos están ahí esperando a ser abiertos para enseñarte todo lo que una debe saber del mundo. 

Entonces, más que corregir la ortografía y la sintaxis de la gente, una aprende a que si quieres que tu vida sea digna de ser narrada, debes empezar por un libro y luego seguir con otro y con otro y con otro y para cuando te des cuenta: serás producto de tantos universos que con el simple hecho de existir te bastas.

2 comentarios:

moscardon diesel dijo...

bello texto, y aunque soy un chico que lee un poco, me conmovió.

Angel Sanchez dijo...

Amen, hermoso tu blog

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