miércoles, 10 de junio de 2009

Temas escabrosos 7 (Debería hacer mi tarea de cultura nuevoleonesa)

Me di cuenta que había escrito algo ayer y no lo guardé. Y me propuse platicarles algunas cosas que me han pasado pero recordé que esto no es un diario. Después pensé que tal vez ya no tengo nada catártico que mostrarles. Pienso que tal vez debería mostrarles mis poemas. Pero no dirán nada y no será como tallerearlos y hacer acto de retroalimentación. Es que ya no sucede nada catártico. Pero estaba leyendo a Cesar y pensé en que podía platicarles una historia. Y aunque no fuera entretenida podía practicar mi narrativa. Y pues, ahora si sería como realidad o no sé.


Hace tiempo estaba saliendo con un muchacho que tenía novia, y de verdad lo quería. Lo quería en la medida de ese amor imposible, sabía de esa imposibilidad de llegar a tener una relación con él, porque, admitámoslo, los hombres de relaciones largas muy pocas veces dejan a su novia para fugarse con una mujercilla que escribe poemas y toma de manera amateur fotografías. A lo mejor es que le tenía miedo a las relaciones novio-novia y por eso me aferraba a la idea de que podía funcionar ser la segundona. No está chido ser la segundona. Te deja triste y agotada y sobretodo, envidiosa. Porque luego uno se siente fea y se pregunta de muchas maneras porque no puede llegar a estar con él siempre y sin esconderse. Y te dan unas ideas locas de andar con todos y ser de todos porque al fin y al cabo para eso sirve. Luego, un día, Zeltzin me preguntó por mi situación y me dijo: dile que no sea joto. Pues al final de todo joto fue. Un día le dije que me acompañara a ver una obra de teatro “La letra con sangre entra” y me dijo una frase que no olvidaré “Le pedí permiso a mi conciencia y me dijo que sí” No recuerdo si fue específicamente así, pero eso desencadenó una serie de cuestionamientos acerca de si era bueno todo lo que hacia y si eso realmente me hacia feliz. No entendía el afán del hombre en pedirle permiso a la conciencia. Según Francisco, Sartre no hace la separación del hombre interior, y en esos días yo andaba muy existencial (Después de leer a Joy) y me pensé que realmente era tonto el tipo, y azotado, y tormentoso. Hacerle los cuestionamientos a la conciencia es tonto porque al fin y al cabo eres tú. Si él le pedía permiso a su conciencia como mera “alegoría” me imagino que se planteaba hacerse responsable de lo que hacíamos a escondidas de su gente y mi gente. Pero, ¿Era él realmente responsable? ¿Estaba haciéndose responsable de sus actos y tomaba de los cuernos la libertad que tanto anhelaba? Pues no sé, pero según yo hacernos libres y responsables de nuestros actos es no hacernos pendejos con dos morras al mismo tiempo. Eso pensé yo. Y dije: bien, si desea estar conmigo lo hará, si no pues no. Y pues ese día no fuimos a la obra de teatro porque no supe nada de él. Ni el siguiente día, ni el siguiente día. El último día que pensé en hacerme cargo de las responsabilidades que le tocaban a él pero que, mariconamente no tomaba, le dije que podía darle la oportunidad de elegir, que si me elegía sería el hombre más feliz de la tierra. Para no hacerla tan dramática, no me eligió. Eligió la estabilidad de su vida y no el caos de la mía. Ya ni me dio tristeza lo acepté como valentona que soy y dije: Está bien y me fui a la fiesta de “clausura” del Congreso de Letras.


Ese día REconocí a Rogelio. Bicho Bolita.

4 comentarios:

espantapájaros dijo...

tomar responsabilidad de nuestros actos es la cosa mas dificil con la que me he topado
pero ahi la llevo creo yo

espantapájaros dijo...

has tu tarea de cultura neoleonesa

Niña Monstruo dijo...

un día te platico algo para que veas sí eran puras joterías.

Niña Monstruo dijo...

pero me recuerdas porque se me olvida.

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