miércoles, 1 de abril de 2009

Yo te tengo

Y mirá que apenas nos conocíamos y ya la vida urdía lo necesario para desencontrarnos minuciosamente. Como no sabías disimular me di cuenta en seguida de que para verte como yo quería era necesario empezar por cerrar los ojos, y entonces primero cosas como estrellas amarillas (moviéndose en una jalea de terciopelo), luego saltos rojos del humor y de las horas, ingreso paulatino en un mundo - Maga que era la torpeza y la confusión pero también helechos con la firma de la arena Klee, el circo Miró, los espejos de ceniza Vieira da Silva, un mundo donde te movías como un caballo de ajedrez que se moviera como una torre que se moviera como un alfil. Y entonces en esos días íbamos a los cine-clubs a ver películas mudas, porque yo con mi cultura, no es cierto, y vos pobrecita no entendías absolutamente nada de esa estridencia amarilla convulsa previa a tu nacimiento, esa emulsión estriada donde corrían los muertos; pero de repente pasaba por ahí Harold Lloyd y entonces te sacudías el agua del sueño y al final te convencías de que todo había estado muy bien, y que Pabst y que Fritz Lang. Me hartabas un poco con tu manía de perfección, con tus zapatos rotos, con tu negativa a aceptar lo aceptable. Comíamos hamburgers en el Carrefour de l'Odeon, y nos íbamos en bicicleta a Montparnasse, a cualquier hotel a cualquier almohada. Pero otras veces seguíamos hasta la Porte d'Orleans, conocíamos cada vez mejor la zona de terrenos baldíos que hay más allá del Boulevard Jourdan, donde a veces a medianoche se reunían los del club de la Serpiente pare hablar con un vidente ciego, paradoja estimulante. Dejábamos las bicicletas en la calle y nos internábamos de a poco, parándonos a mirar el cielo porque esa es una de las pocas zonas de París donde el cielo vale más que la sierra. Sentados en un montón de basuras fumábamos un rato, y la Maga me acariciaba el pelo o canturreaba melodías ni siquiera inventadas, melopeyas absurdas cortadas por suspiros o recuerdos

Rayuela


Eres tan tonto que me haces faltar a clases de griego y natural.
Y decir que no a lo que sí. Y que sí a lo que no. En Gandhi, en una plaza pública con pensamientos privados, en no sé donde con no sé quién. Con mis 12 monos en la bolsa. Yo sólo tengo un poema bonito y mi cabello de principito: "Dibujame un cordero". Que alguien quite al DJ del asta. ¡Que alguien quite al DJ del asta! Todos se ponen lelos y tontos. Decirle tonto al gobierno es infame, porque tonto es como un cariñito que te sacas de la manga cuando dices algo atinado o cuando albureas cosas que no son albureables. Y dices: que cursi. Pero según tus analogías lo cursi debe permitirse porque es natural. Y según lo natural es bueno. Y aceptable. Y ver a una pandilla pelearse como animales es natural. Entonces cursi es como ver a una pandilla pelearse. Como escuchar a un cerdo rosa. Y decir: ¡Esa es mi favorita! y gritar: ¡Aburrido! cuando se detiene la canción de Whitney Houston y todas las parejas voltean. Y se toman fotos. Y te vale. Y nos vale. ¡Aburridooo!
"Si sigue la de Luis Miguel nos vamos" y sigue Air supply y soltamos la carcajada. ¡Pinches cursis! "Si nos dejan..." si no, no. Si nos alejamos, si nos corren.
De todas maneras queríamos que pusieran la de Radiohead y nadie hizo caso. Porque el tipo DJ del lugar menos esperando del fin del mundo dice que ya son las 10, que ya van a cerrar, que cerremos los ojos que no tienen la culpa que la idea haya surgido de un sinningúnplan.

Entonces "Comfortably Numb" ¿no?


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Leche con vainilla nomás

espantapájaros dijo...

me partes el corazón
nada personal

Juan Calavera dijo...

Yo quiero que venga metallica.

Adiós a la serotonina

Quisiera no haberte escrito poemas feos si como quiera te ibas a ir.