sábado, 11 de abril de 2009

Le Mythe de Sisyphe

Mientras leo a Camus, la misma montaña me da un absurdo. Definitivamente él no se refiere al absurdo que tuve en la mente los últimos años. Me gusta estar aquí porque tú no me molestas, ni los olores me molestan.


Esta mañana, cuando me levanté para ver por donde llegaba el día, olía a pino. Olía a una Navidad de niña. Y yo creo que muy bien puedo ser amiga de estas coníferas. Y recordarles, leerles: “Suele suceder que los decorados se derrumben” en voz alta y me pondrán atención y me dirán otros nombres.


No debí traer a Camus a ese lugar, ¿o sí? Ayer vi que la Laguna, ya no era Laguna y que el tipo que atiende la carnicería tiene los ojos más bonitos del mundo, además de eso, no te podía olvidar mi querido. Y me refiero a ti Camus.

Despertar, tranvía, cuatro horas de oficina o de fábrica, comida, tranvía, cuatro horas de trabajo, cena, sueño y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado al mismo ritmo, es una ruta fácil de seguir la mayoría del tiempo. Pero un día surge el “porqué” y todo comienza con esa lasitud teñida de asombro”

Fue que eso sucede un día te despiertas y te sincronizas con tus preguntas. Pretendes darles una respuesta adecuada, elegir y seguir. Ese “por qué” no te deja en tu lugar. Y te vas como una piedra rodante y no te da cabida esa “lasitud”. No sé, si nacemos para morir ¿Por qué no darle ese sentido a la vida? Ya sabes, el hecho de salir de tu intención primordial que es levantar la piedra como Sísifo y saber que mañana también lo harás. Y pasado mañana también. Y después de pasado mañana, la siguiente semana, el siguiente mes. ¿Por qué no adjuntarle un propósito razonable? Darte cuenta de tu finitud. Que tonto. Igual y junto a mí sería más lindo.

“La lasitud está al final de los actos de una vida maquinal, pero inicia al mismo tiempo el movimiento de la conciencia. La despierta y provoca la continuación. La continuación es la vuelta inconsciente a la cadena o el despertar definitivo. Al final del despertar viene, con el tiempo, la consecuencia: suicidio o restablecimiento”

Mientras caminábamos rumbo al ojo de agua, pensé que de alguna manera todo tenía su sentido. Y que no tenía nada que apurar, pero tampoco tenía nada que esperar y eso me dio en parte tristeza y en parte envidia. Recordé lo que soñé esta madrugada.


Y entonces estabas tú ahí, estábamos como en un centro comercial y tu comprabas una camisa y un pantalón de vestir, curiosamente ambas prendas eran iguales a las que traías puestas, lo que hiciste fue cambiarte casi en frente de mi y ponerte lo nuevo. Te veías igual pero eras diferente. Después me alejé de ti y traté de hacer fila en un lugar que desconozco y justo cuando me tocaba el turno una tipa que estudia en FFyL se adelantó y pidió algo y yo le dije: ¡Oye has fila! Y la tipa (con su uniforme de fútbol FFyL) me decía: “En esta vida sobrevive el más fuerte” entonces yo le empezaba a gritar groserías y le decía: ¡¿ah sí?! Y le decía ¡a ver si sobrevives! y la cargaba y la golpeaba contra el suelo y le daba golpes y golpes hasta que me decía que parara.

Entonces corrí contigo y comencé a llorar y te dije que no se me hacía justo, que todos merecíamos las mismas oportunidades, que el hecho de que ella fuera parte del equipo de fútbol no la hacia mejor ni peor que yo, que el mundo es injusto, que debe hacer fila y que debe respetar las reglas y ver por los demás, interesarse por los demás. Después de eso me dabas tu coche y me decías que tenías que ir a cambiarte de ropa a tu casa, pues no podías asistir así a la fiesta. (Y ahora pienso ¿Por qué cambiarte de ropa si ya lo habías hecho? entonces me dijiste que te siguiera a tu casa pero no quería estar contigo más y me retorné en Morones Prieto.


Ahí ya eran las 8 de la mañana y el Sol me pico la cara. Vi que mi libro de Camus estaba del otro lado de mis pies y antes del café leía:

“La lasitud tiene algo de desalentador. Aquí, debo llegar a la conclusión de que es buena. Porque todo comienza por la consciencia y nada vale sino por ella…"


[¡Espera, esto me parece…! Me quedé callada porque luego me verían como…]


"Asimismo, y durante todos los días de una vida sin brillo, el tiempo nos lleva. Pero llega un momento en que hay que llevarlo a él”


¡Ah, exacto, díganselo por favor!

Vivimos hacia el futuro: "mañana", "más adelante", "cuando te labres una posición", "con los años lo entenderás". Estas inconsecuencias son admirables, pues al fin y al cabo se trata de morir. No obstante, llega un día y el hombre comprueba o dice que tiene treinta años. Afirma así su juventud. Pero al mismo tiempo se sitúa con relación al tiempo. Ocupa su lugar en él. Reconoce estar en cierto momento de una curva que confiesa que debe recorrer. Pertenece al tiempo y, en el horror que lo atrapa, reconoce a su peor enemigo. Mañana, ansiaba el mañana, cuando todo él hubiera debido rechazarlo. Esta rebelión de la carne es lo absurdo.

Voy a subir la montaña. Que las coniferas escuchen mis voces y mis locos repitiendo a Camus:

"Ninguna moral, ni ningún esfuerzo son a priori justificables ante las sangrientas matemáticas que ordenan nuestra condición"


Tonta nuestra condición

¿Te acuerdas que nos queríamos mucho?

¿Y nos burlábamos de nosotros mismos por querernos mucho? Y pensábamos, va, vamos a querernos mucho para romper este mundo. Rompe...