martes, 10 de marzo de 2009

Mi Lolita

Conocí a Daphne una tarde a abril. Había 34º a la sombra, donde yo me encontraba. Donde ella, había seguro unos 52º, que incluían los rayos solares, los demás eran los grados emergidos de ese baile cadencioso, de las miradas lujuriosas que veían a Daphne, chiquita, bailando. Era pequeña. Una niña bailando “reggaeton”. No era, para mi gusto, lo suficientemente madura. Pero su pequeñez y su manera de reírse (como quien se burla de la vida) me cautivaron. Me quedé dos horas seguidas observándola. Movía sus caderas, sus piernas, su cabello.

- ¿Mande?

- ¿Perdón?

- Tienes exactamente dos horas viéndome. Por tanto, te dejo invitarme una cerveza.

Me acosté con ella ese día. Me acosté con ella desde siempre. No era una chiquilla. Entre la violencia sexual emitida en la cama asombraba una mujer totalmente diferente, bailaba, bailaba casi como si Leonard Cohen la moviera. Me sentí sucio. Aquella mujer que iba de mi mano era una niña y yo, tal cual Nabokov en su novela, veía a mi Lolita y a mi perversa mente desnudarla. La gente me miraba. Me señalaba. ¡Era una niña! y yo me la cogía casi a diario. Nadie estaba enterado que en la cama era una mujer totalmente diferente. Era yo el niño entre sus brazos y su boca. Era un pendejo que ni siquiera calculaba el punto exacto de su eje. Ella se movía. Ella miraba el cielo. Ella reía. Ella lloraba. Ella misma se complacía. Era yo el títere de su misma madera. Nadie entendía.

Una tarde quise mostrarle a todo mundo que aquella niña era en realidad una mujer. Se me ocurrió la idea de grabarla. Tomé mi cámara de video y grabé cada punto de su cuerpo. Le grabé las piernas, la boca, su cabello. Le grabé sus gestos. Era la mejor película pornográfica antes grabada. La gente por fin entendería el cambio. La gente sería parte del milagro que implica el acto sexual con aquella mujer. Se sabía protagonista. Autónoma. Me di cuenta muy tarde que mi grabación no radicaría mis problemas con el bienestar de la gente. No quería compartir a esa mujer. No quería. Era mi sucio secreto. Mientras tanto decidí seguir siendo el pervertido con la niña a mi lado.

Pasaron meses y antes de darme cuenta Daphne me dejó. Me dejó, aburrida de la monotonía que un hombre como yo le podía causar. Se llevó el video. Se llevo sus piernas, su boca, su cabello y la violencia de la cama. Tiempo después me enteré que se había casado con un multimillonario. Un setentón. Nadie decía nada porque era millonario. Las revistas aseguraban que el amor surgió después de haber confundido maletas en un avión. Al parecer, al abrir la maleta encontró un video de Daphne y ro lo impulsó a localizarla. Nunca se supo cual.

4 comentarios:

espantapájaros dijo...

2 horas viendo a alguien valen una cerveza, y también un final así.

y pues un pasamanos se pasa con las manos, si intentas quebrantar esa única regla puede que te caigas
pero chance y sea lo mejor
q se yo

señorelefante dijo...

eres muy violenta

Broken Glass dijo...

And by the way, ando sonsacando gente para conocerla, tú eres una de ellas, yo descanso los viernes nada más, porque trabajo de noche, así que si un día te animas podemos ir al Café Iguana o al Garage, te dejo mi cel, 811 211 50 12. De veras que me caes muy bien.
Y por cierto, me acordé de un amigo que se llama Isidro, si no fueras mujer quizá diría que le gustó este escrito, pero bueno, le gusta ser el grinch.

Lolita y El Profesor dijo...

No te sientas culpable... los hombres mayores tienen permitido amar a las Lolitas... sino, toma ejemplo de mi profe...

Un beso

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