martes, 10 de noviembre de 2015

Garage o los hombres de mi vida: Regino.


Siempre pensé en diferentes conversaciones que tendríamos ese día en el Garage, pensé que por fin aceptarías que Horacio, tu primo, era más guapo y que, aunque a ti no te quedaba hacerte el gordito cuando claramente ya estabas hasta los huesos por meterte quién sabe qué cosas, yo algún día le diría que sí a Horacio y tú te tragarías tu batería completita por no creer que podría estar con otro. 

- ¿Y qué onda ya traes novio? ¿o te sigues haciendo la diva?
- ¿Por qué dices eso?
- No esperaba esa respuesta. Bueno, ya sabes, nunca sé qué pedo contigo, pero sí quiero que me me digas si tienes novio. O no. O sí. Pero no salgas con tu quién sabe porque, yo la sola y la verga.
- Agh, sabes, hablar como pinche camionero no te sirve de nada, pero igual no sé a que te refieres con eso de la “diva”. Sólo espero a la persona indicada. Sabes, esa que no tome como pendejo y se ponga hasta el culo en el Iguana's.
- Esa era la respuesta que esperaba. Y qué onda, ¿andas tomada? A ver deja saco el alcoholímetro.

Hiciste ese gesto, ese gesto que tanto me gustaba que te tomaba un micro segundo, mover la boca hacia la derecha y fingir desesperación. 

- ¿Cuándo me has visto borracha?
- Nunca, pero sospecho que la ebriedad es parte de tu vida. Aún sin alcohol. A ver sóplale.
- Ay qué güey, no te salen los albures. Qué ridículo eres.

Y ahí me fui. Me gustaba grabar esos pequeños minutos donde en realidad todo lo nuestro no parecía una maldita farsa. 

- Nada más. Tengo mirada de Memo.

Otro de esos primos guapos que tenías. Memo y Daniela, Memo y Sofía, Memo y Fátima. La larga lista de las Memo's. Me reí y respondiste:

- Estás grabando esta conversación ¿verdad?
- Sí.

En realidad, guardaba en mi memoria la que creí sería la última vez que te vería. Lo había decidido. Más adelante, un tipo nos miraba. Era parecido a Brandon Flowers, era como tú. Seguí imaginando conversaciones.

- Tú también eres mi clásica. Pero no le digas a nadie. Hay que guardar las apariencias. 
- Sí lo sé. Por eso mismo ya no me hablas ¿verdad?
- Pues hay cosas que no comprendo. Pero sé que tú sí. Eres lista. Eres como Rihanna con ese cabello. Bonita.
- Me lo corté para hacerte enojar pero también porque estaba aburrida.
- Qué bueno. Me enojé un poco. Pero me gusta.
- Gracias. Tú.
- De nada tú.

Sin embargo, simulaba esta falsa conversación y en realidad, Regino permanecía mirándome de lejos, entre cerveza y cerveza y yo hacía como que no me daba cuenta, sabía que no te había contestado el teléfono y ahora, ahora que hacías como si no existiera, saludabas a Horacio, sólo a él. Lo saludas a él, juegas con él. Y en realidad, las conversaciones seguían en mi cabeza, te imaginaba a ti cuando era Horacio el que amablemente me seguía la conversación, el que buscaba que te olvidara y que me preguntaba si ya tenía novio, si me seguía haciendo la diva. Porque él conoce la historia, porque te conoce a ti y me conoce a mí. Sabe lo que pensamos y lo que nunca cambiaremos. Lo divos que somos.

* Este es un texto actualizado (corregido y con más detalles) publicado por primera vez el 22 de febrero de 2009. 
* Todos los detalles son completamente ficción.

7 comentarios:

E-ve-rar-do dijo...

yo no juro pero esto me gustó, lo juro.

espantapájaros dijo...

somos muchos los que andamos por ahí imaginando conversaciones
también me gustó

El Nausea dijo...

Que texto tan curioso...

Niña Monstruo dijo...

u_u

Niña Monstruo dijo...

ya no deberías ir al garage. después de todo, como que está pasado de moda. u_u

señorelefante dijo...

el garage es para gente que se cree la onda y bien indio


digo, indie

moscardon diesel dijo...

Se me antoja que es una escena muy cinematográfica.

¿Te acuerdas que nos queríamos mucho?

¿Y nos burlábamos de nosotros mismos por querernos mucho? Y pensábamos, va, vamos a querernos mucho para romper este mundo. Rompe...