martes, 16 de diciembre de 2008

Daphnia's models

Colgamos el teléfono a las dos de la mañana pues él ya partía a Venecia esa misma tarde. Me había prometido terminar de empacar sus libros y volvería a verlo en el café de siempre. Con ésta, ya era la tercera semana que hablabamos sin parar después de despedirnos de la cama. (Sí, teníamos esas noches exquisitas, con sábanas y compañía) Yo ya estaba acostumbrada a sus viajes, a sus cicatrices y a ese tartamudeo estúpido e incesante. Por lo demás, era un dios en la cama. Hacía con mi cuerpo tal y cual Juan José Arreola había escrito. Como tortilla extendida y como muchas otras cosas eran las fotografías que quedaban sobre el humo del cigarrillo.
Volví a dormir y desperté cuando ya casi era hora, sin imaginarlo me vi envuelta en la rapidez del deseo y antes de la hora ya estaba lista. Así fue que salí de casa con tiempo y llegué al café de siempre para darme cuenta que él vestía unos pantalones caqui y un sombrero panameño y ella un vestido rojo y un gorro francés muy de mal gusto.
¿Les ha pasado que uno da por entendido muchas cosas? Bueno más o menos eso pasó. Recordé nuestra llamada a las dos de la mañana -Te digo que uno tiene compromisos Daphnia, uno no se pasa la vida pintando como tú... tengo que salir a Venecia, además tú sabes de que se trata todo esto.
Yo nunca desconfié de Oscar, tenía toda un parsimonia pero era muy su estilo, salir con otras mujeres era pues una normalidad. Hacerlo con ellas también. He de suponer que la molestia era que hiciera sus planes justo antes de irse y de verme.
Mientras me disponía interrumpir la conversación con la chica de muy mal gusto, se despidió de ella y ella tomó una maleta que deslizó desde debajo de la mesa y la subió al coche.
-Te veo en un momento
-P o r F a v o r Oscar, no llegues tarde.
y se besaron.
-¿Te la piensas llevar a Venecia, cabrón?
-ah, sí.
-¿y no pudiste coger con ella allá?
-posiblemente lo haga, pero por que no empezar acá
-¿Vas a llegar a España?
-Sí, ¿por?
-Pendejo, si sigues cogiendo como animal no te dejan entrar y te piden prueba del SIDA.
-No seas tarada Dafne, esas cosas no me pasan a mi.
-Daphnia.
-poteiro, potato. No importa a la siguiente vas tú chiquita
-Ni madres cabrón...
-Sabes que necesito su cabello, y su rostro.
-Sí
-Pues si serás cabrón, tan bonita la niña
-Linda, sí, lista no. muy de mal gusto su gorro francés.
-Le vas a dar un viaje inolvidable
-Bueno, al menos que tenga algo a cambio.
-Te la coges, y luego la vendes, ¿Me lo prometes?
-Me la cojo y luego, luego, lueguito la vendo, te lo prometo.
-¿Hablaste con ellos?
-Sí, me dijo el ruso que ella aplica, tú sabes, cabello, piel, linda.
-Bueno, amor, te la coges, te vienes, me imaginas y la vendes ¿zaz?
-Chiquita, a poco piensas que me voy por gusto. N e g o c i o s.
-Bueno, debo regresar a la agencia, hablamos en la noche, tengo dos morenas buenísimas. Creo que una es bulímica así que es mejor, esas más fácil se venden, ya sabes, son como desechables... en fin. Te amo.
-Yo también te amo.

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Tus últimas palabras

“Tendré que mandar mi ropa a la lavandería”   Fue lo último que dijiste antes de cerrar la puerta.