sábado, 11 de octubre de 2008

Mariposas Amarillas


Voy a convertirme en la epopeya de un pueblo que está en el olvido y que va olvidando.

El día de hoy mi sala-comedor tiene aroma a flores, mi madre, que sabe mis secretos, ha traído flores amarillas y moradas. Y mientras escribo, las flores han llenado mis fosas nasales haciendome cosquillas. Ahora mientras me propongo llenar de sabiduría este servicio brindado por la red escucho a Oscar Chavez y pienso en Remedios La bella. Mariposas amarillas.
Mariposas amarillas, así deben ser mis mariposas. Deberían aparecer cuando en mi inmensa soledad me encuentro tan rodeada; cuando esa sensación de increíble equilibrio me brinda placer. A mi me gusta el color amarillo de las flores y Fiona Apple por las noches de lluvia.

Como huele mi sala-comedor. Huele como la tarde que olvidé las llaves dentro del carro y caminé dos kilometros hasta encontrar señal en el celular. Esa tarde encontré la verdadera razón de nuestra lejanía. Ni tú ni yo nos habiamos pertenecido, nos habiamos detenido en un estrecho camino y ninguno quería pasar, y ninguno pasó.

A decir verdad huele como cuando dejé de quererte la tarde de febrero, ¿qué si huele el amor? Duele y pienso en otros olores, palomitas del cine, condones abiertos, vomito después de 15 cervezas. Amor, dejé de quererte y comencé a amar el olor que había dejado la pertenencia a mi cuerpo. Y no hay cosa que huela más que las flores de mi sala-comedor y los recuerdos que se borran, y las nuevas buenas, las nuevas flores, las mariposas amarillas de mi corazón.

2 comentarios:

Garo dijo...

Me pones en un predicamento, no sé si mi comentario sea importante o inteligente para ti, en todo caso me gusta que escribas, yo creo que todo escrito es necesariamente biográfico, y a veces más de lo que pensamos. Visitaré seguido tu espacio para brindarte mis opiniones XD, sigo por msn.

Marcela dijo...

mauricio babilonia

Tus últimas palabras

“Tendré que mandar mi ropa a la lavandería”   Fue lo último que dijiste antes de cerrar la puerta.