miércoles, 29 de octubre de 2008

Los ausentes siempre se equivocan

La tía Daniela se enamoró como se enamoran
siempre las mujeres inteligentes: como una idiota
A. Mastretta (del libro Mujeres de Ojos Grandes)


Es comprender que caminar a la deriva tiene un sentido
A las 9 de la noche, cuando una estrella y otra,
Mientras repasas libros de aritmética, literatura y artes.
En realidad, están las horas y los días.
Y este indicio estupídico se maneja en tus dedos.
Pero no eres tú la culpable, es lo fanático
Lo que guarda tu corazón errado,
Haz creído, haz y mojado los labios en la amargura
Eres cómo aquella tía del cuento,
Olvidaste horas con Rayuela y los ojos azules de Altazor
Le Français, Le latín, L’español.
Unas de Fellini, sonatas enteras
Y, of course, matemáticas fatídicas
No sabes contar, asumes la posición errónea del verbo,
Mientras relees cosas de mujer enamorada
Recuerdas:
“Hipnotizada por el dolor sin nombre ni destino, se volvió la más tonta de las tontas”*
Eres la más tonta de las tontas,
Piensas en su sexo, en la visión perdida de algo no encontrado
olvidaste a tía Daniela.
Pero esos días llegarán, donde tus dedos y tu boca
tu mente
tus ojos grandes y negros dejen de mirar con añoro
la puerta del balcón,
el telefono en silencio
la mano suspendida del aquel en tu hombro

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Tus últimas palabras

“Tendré que mandar mi ropa a la lavandería”   Fue lo último que dijiste antes de cerrar la puerta.