viernes, 29 de agosto de 2008

El Joven etcétera



Lo había encontrado en el tren. Lucía como luce cualquier hombre empapado por la lluvia, cabello derretido en un rascacielos que era golpeado por las gotas. Sus gestos parecían rotos y su equilibrio facial un descontento con la vida. Aún así, este equilibrio dejaba al descubierto una imperfección: un hoyuelo en el lado derecho. Dicho hoyuelo representaba su lado más amable, el lado musical e interesante, aparecía cada vez que yo lograba lanzar al aire una oración perspicaz y la mayoría de las veces graciosa. Mientras permanecía a su lado intentaba de todas las maneras hacer funcionar mi lado cómico, lado que pocas veces era abundante. En realidad, estos momentos sólo salían a la luz cuando lográbamos la tranquilidad del silencio, esas pocas oportunidades en donde uno realmente necesita dar silencio para decir algo.


Tenía por enterado que había estado en una de esas luchas mentales. Las pocas amistades que le conocí decían que había recorrido lugares en donde yo nunca me imaginaría. Porque esos lugares no existían. En esos lugares en donde no me imaginaba, había él luchado contra cadáveres exquisitos e intentos de nuevas vanguardias.


...

1 comentario:

Guffo Caballero dijo...

Hey, di con tu blog la vez pasada buscando alguna nota de la visita de Brigth Eyes al café, concierto que, por cierto, me perdí, snif.
The desert is de sand you can´t hold in your hand, jojojo.
Saludos.

Euforia

Estoy en un estado poco constante que le llaman felicidad. No me quiero mover. Como cuando un gato te elige te observa y se sienta en t...