lunes, 14 de julio de 2008

Volviendo a mi apendice, maldito tubo sin salida.

La función del apendice se ha discutido por mucho tiempo dentro de la rama de la medicina, hace apenas unos años se creía que no servía para nada.

[Wow, hace apenas unos años yo creí que estaba enamorada y tal vez así lo fue y ni siquiera fueron tantos años, igual y uno.]

El punto de que te crean como un objeto inservible es horrible, es casi casi como estar enamorado de un compañero imposible, es decir, eres un objeto -humano- meramente inservible para el corazón del hombre que dentro de ti parece el indicado. Que horrible manera de vernos enfrentados a la vida.

Probablemente a muchos de nosotros nos ha pasado la sensación gigantesca de no pertenercerle a su corazón y ser inservible (cuidado Alejandra que todo lo que digas puede ser usado en tu contra)

Pero ese no es el caso en las actuales circustancias que roden mi vida amorosa. Creo incluso que eso nunca ha sido el caso, es más bien, que la intensidad con la que sé amar es totalmente abrumante para mis antiguas y no parejas. ¿Es eso acaso posible?

Otra de las cosas que exasperan a mi mujer interior es la sensación de confusión y no saber a dónde estoy mandando el hilo que lleva la carnada... explicandome mejor, la sensación de no pisar en tierra firme, sí, el miedo a la no correspondencia, por eso me supongo que nunca me he enfrentado a que mi cuerpo sea un objeto inservible ante otro hombre debido a mi cobardía y a mi falta de entusiasmo ante las ridículas parejitas de la macroplaza.

Entonces a la larga esto se convierte en una pequeñita voz que me grita cobarde y que me pide salir, desbordarse, ya sea con sexo, drogas o rock and roll, si entienden a lo que me refiero...
Está voz me hace escribir ante la idea que aquel al que le escribo está leyendo entre párrafos y comprende mi necesidad de comunicar mis sentimientos amorosos a él (el problema en este caso es que puede que ni siquiera sepa que le escribo en un rincón de los rincones de la larga y amplia interné)

Yo creo que a final de cuentas soy como un apendice, muchos se discuten todavía para que sirvo y para que estoy allí. Lo bueno de todo esto es que a pesar de mi falta de utilidad, sigo estando ahí.

Asertividad

A ver, así al chile ya dime si vas a querer o se lo echamos a los perros que se lo traguen todito que se embriaguen en él y se re...