viernes, 21 de diciembre de 2007

And I go back to black

Dominamos sólo ciertos sentimientos: las ganas de gritarle a todos, de golpear, de sonreírle a un chico desconocido en el metro de Universidad, de preguntar si acaso alguien realmente toma en serio tus hipótesis y explicaciones (hablando de mi caso por supuesto) por que hay gente que hace esas cosas sin preocupación (Grita, golpea y le sonríe adecuadamente a al chico desconocido y atractivo de metro) digo dominamos, por que existen más que esos banales sentimientos...

quiero decir, pongamos el ejemplo algún joven X que se encuentra en una situación “acalorada” con su novia virginal, él retiene ciertos impulsos para lograr que la virginal jovencita no capté que esta situación “acalorada” terminará probablemente con el adjetivo calificativo que le estoy dando. Retiene, luego por a poco va sacando ese “sentimiento” con palabras de confianza y respeto, y demás cosas que se acostumbran hasta que (si la novia ha tomado en cuenta al pobre novio retenido por 2 años) saqué el más importante.
¡Bah! Esta situación suena muy inusual, casi no pasa, debo poner mejores ejemplos pero Erich Fromm y su arte de amar me dan vueltas en la cabeza.


A lo que quiero llegar con esta manada de sandeces es que de vez en cuando todo regresa, (esas ganas incontenibles) de correr, de llorar, de gritar “un chingatumadre”, de decirle que se detenga que si no ha tomado en cuenta tu corazón, que ya nada podrá ser lo mismo, que sólo se vive una vez, que te debe un par de cervezas… correr, gritar, llorar, huir de la ciudad o de a tiro irte de trotacongresos, bailar una rola de Daft Punk, despertarte en las noches mientras sueñas que llegó lo que esperabas, de llamarle a su número telefónico e invitarlo a tomar un café para mostrarle que “eres bien padre”, de cantar a Selena sin remordimientos, despegarte de los hombres un rato y volverte marica el resto de tu vida. ¿Por qué? Porque nada se puede retener para toda la vida.

De todas maneras uno nunca se conforma y sigue y sigue y sigue y retiene hasta que se queda ebrio de tanta retención y ganas y ríe como pendejo... y grita en silencio.

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